Moncloa estima que todos los mecanismos de la medida de excepción podrían activarse en un plazo de cinco días
Altos cargos del Gobierno y el PP piden a Rajoy un "gesto de autoridad"
Esta semana será clave para la mayor crisis institucional de España en los últimos 40 años. Mariano Rajoy deberá escoger su respuesta al desafío final de Puigdemont. Baraja la Ley de Seguridad Nacional y el artículo 155, mientas que desde el PP se pide «un gesto de autoridad»
La Generalitat y la mayoría independentista que sustenta a Carles Puigdemont han fijado el día D para el miércoles 6. Ese día, se producirá una carrera contra el reloj en tres escenarios: el Parlamento de Cataluña, La Moncloa y la sede del Tribunal Constitucional. El Pleno de la cámara catalana se reunirá por la mañana para aprobar de forma inmediata -en cuestión de horas o de minutos- la Ley del Referéndum, con arreglo a un reglamento suspendido por el Constitucional. Posteriormente, la norma se publicará en el boletín oficial y Puigdemont convocará a su Gobierno allí mismo para firmar el decreto de convocatoria del 1-O, que regulará todos los aspectos del referéndum. En paralelo, se reunirán el Consejo de Ministros -casi en guardia permanente- y el Pleno del Constitucional para suspender todas las decisiones adoptadas por el Parlamento catalán.
Después de esa primera batalla jurídica, llegará el momento más temido por Mariano Rajoy. La hora en la que, como se ha anunciado de forma reiterada, el Gobierno catalán desobedezca los mandatos del Constitucional y continúe adelante con los preparativos del 1-O. Más de tres semanas -con Diada de por medio- en las que nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que puede pasar. La inhabilitación de la presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, está cantada, así como probablemente también la de Carles Puigdemont y quizá la de todo su Gobierno. Pero seguramente la batalla de la desobediencia entrará en una fase decisiva en la que Mariano Rajoy podría no tener más remedio que adoptar decisiones traumáticas para impedir el 1-O. «Estamos llegando a un punto en el que nadie puede parar, ellos han llegado tan lejos que ya no pueden parar, y nosotros no podemos dejarnos revolcar, si se saltan la ley a la torera no tendremos más remedio que dar una respuesta», aseguran fuentes del Gobierno.
La segunda carpeta contiene los detalles de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que reza textualmente: «Si una Comunidad Autónoma no cumpliera las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones».
El problema del 155, según reconoce el Gobierno, es de legitimidad política, ya que los líderes del PSOE, Pedro Sánchez, y de Ciudadanos, Albert Rivera, han comunicado a Mariano Rajoy que no son partidarios de aplicar esta medida de excepción, por democrática y constitucional que sea. Y ello porque el citado artículo ha sido «demonizado», al interpretarse de forma generalizada por parte del independentismo y la opinión pública como una suspensión de la autonomía, obviando su textualidad.
La respuesta del Gobierno a lo que todos los dirigentes del PP consultados califican como «pitorreo, cachondeo y tomadura de pelo» por parte de Puigdemont y el independentismo centra estos días todas las conversaciones dentro del partido. Rajoy es muy consciente de que sectores del PP e incluso altos cargos del Ejecutivo le demandan «un gesto de autoridad». «Mucha de nuestra gente se siente abandonada ante la chulería de los independentistas, creen que vamos perdiendo. Todos confiamos en que el presidente dé una respuesta contundente de una vez. No podemos repetir otro bochorno como el del 9-N, cuando no pudimos explicar cómo y por qué nos habían ganado la batalla política». Son palabras de un diputado popular.
El Gobierno intenta tranquilizar los ánimos de los suyos, asegurándoles que Puigdemont va de farol cuando asegura que tiene ya las urnas, y que además no dispone de presupuesto para la consulta, ni de censo, ni de instrumentos para el recuento.
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